De Espectadores a Colaboradores
Por José Ramón
Mendoza
Texto Bíblico Central:
1 Corintios 3:9
"Porque
nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios,
edificio
de Dios."
INTRODUCCIÓN
En muchos estadios de fútbol o
salas de teatro, la dinámica es siempre la misma: una pequeña minoría en el
terreno de juego se esfuerza al máximo, mientras que miles en las gradas
observan, critican o aplauden. Lamentablemente, esa misma dinámica ha penetrado
en la iglesia contemporánea. Muchos creyentes han adoptado la postura de
espectadores en las gradas espirituales, consumiendo bendiciones, pero sin
involucrarse en la misión.
Sin embargo, el apóstol Pablo
nos recuerda en 1 Corintios 3:9 que el diseño original de Dios para la Iglesia
no es un espectáculo, sino un trabajo en equipo. No fuimos llamados a observar
la obra de Dios desde lejos, sino a meter las manos en la obra. Dios no busca
clientes o espectadores; busca colaboradores.
I.
EL PROBLEMA DE SER ESPECTADORES
1. Produce pasividad e
inmadurez espiritual.
La falta de servicio adormece la
fe y detiene el crecimiento del cristiano. Quien solo recibe y nunca da, se
estanca en su vida con Dios.
Referencias: Santiago
1:22 (ser hacedores y no solo oidores); Hebreos 5:12 (debiendo ser ya maestros,
aún necesitan leche).
2. Genera una mentalidad
de consumo y crítica.
El espectador evalúa la iglesia
como un cliente evalúa un servicio: según su comodidad, el estilo de música o
la elocuencia del sermón, perdiendo la visión del Reino.
Referencias: Gálatas 5:13
(llamados a libertad, pero para servirse por amor); Judas 1:16 (murmuradores y
querellosos).
3. Deja inconclusa la
asignación del Reino en la tierra.
Dios ha diseñado la edificación
de la Iglesia a través de la diversidad de dones. Cuando un creyente se cruza
de brazos, la comunidad sufre la ausencia de su aporte.
Referencias: Mateo
9:37-38 (la mies es mucha, los obreros pocos); Efesios 4:16 (el cuerpo crece
según la actividad propia de cada miembro).
Aplicación Personal:
Examina tu postura hoy. ¿Llegas al templo o a tu comunidad preguntándote «¿qué
voy a recibir hoy?» o «¿cómo puedo servir hoy?» Confiesa al Señor si has caído
en la comodidad de la grada y pídele que active en ti el deseo de servir.
II.
LOS PASOS PARA LLEGAR A SER COLABORADORES
1. Reconocer la soberanía
de Dios y nuestra identidad.
Colaborar empieza por entender
que la obra es de Dios y que nosotros solo somos instrumentos en sus manos
graciosas.
Referencias: 2 Corintios
6:1 (trabajar juntos con Él); Salmos 100:3 (pueblo suyo somos y ovejas de su
prado).
2. Identificar y poner a
disposición nuestros dones y talentos.
Nadie en la familia de Dios
carece de una herramienta. Llegar a ser colaborador exige descubrir lo que Dios
nos dio y entregárselo para su gloria.
Referencias: 1 Pedro 4:10
(administradores de la gracia mediante los dones); Romanos 12:6-8 (usar los
diferentes dones según la gracia dada).
3. Desarrollar un corazón
servicial y dispuesto al compromiso.
Pasar de la grada al campo
requiere disposición, disciplina y amor sacrificial, imitando el modelo de
Cristo.
Referencias: Marcos 10:45
(el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir); Colosenses
3:23-24 (hacer todo de corazón como para el Señor).
Aplicación Personal: Da
un paso práctico esta semana. Acércate a tus líderes o identifica una necesidad
concreta en tu entorno y di: "Aquí estoy, quiero poner mis dones al
servicio de Dios".
III.
LAS VENTAJAS DE SER UN COLABORADOR
1. Experimentar el poder y
los milagros de Dios de primera mano.
Los espectadores ven los
milagros desde lejos, pero los colaboradores son quienes sostienen las vasijas
y ven el agua transformarse en vino.
Referencias: Juan 2:9
(los sirvientes que sacaron el agua sabían el origen del vino); Hechos 3:6-8
(Pedro y Juan experimentan el poder al ministrar al cojo).
2. Crecimiento, madurez y
gozo en la fe.
El servicio acelera nuestro
carácter cristiano, nos enseña fe, paciencia y nos llena del verdadero gozo del
Reino.
Referencias: Filipenses
2:17-18 (gozo en el servicio y la fe); 2 Timoteo 2:6 (el labrador que trabaja
es el primero en tomar de los frutos).
3. Recibir la recompensa
eterna del Señor.
Dios no es deudor de nadie. Todo
esfuerzo, trabajo y entrega en su obra tiene un galardón garantizado en la
eternidad.
Referencias: 1 Corintios
15:58 (el trabajo en el Señor no es en vano); Mateo 25:21 («Bien, buen siervo y
fiel... entra en el gozo de tu señor»).
Aplicación Personal:
Recuerda que tu trabajo para el Señor nunca cae en saco roto. Si ya estás sirviendo,
pero te sientes fatigado, cobra ánimo sabiendo que la mayor victoria y la
verdadera recompensa provienen de Cristo.
CONCLUSIÓN
1.
Dios no te llamó a ser un observador en
la historia de la redención; te llamó a ser un protagonista de su gracia.
2.
Ser espectador puede parecer cómodo, pero es
una posición estéril que nos priva del propósito de Dios.
3.
En cambio, ser colaborador de Dios nos
conecta con su corazón, nos madura y nos permite ser canales de su gloria
para el mundo.
4.
Hoy la invitación del Espíritu Santo es clara:
abandona la grada y entra al campo de acción.
5.
Es tiempo de unir fuerzas, tomar la
herramienta que se nos ha dado y edificar juntos el edificio de Dios.
La Voz Pastoral
José Ramón Mendoza
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