lunes, 3 de agosto de 2026

EL ES NUESTRA PAZ

 

Él es nuestra Paz

​Por. José Ramón Mendoza

 

Pasaje base: Efesios 2:14-18

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.”

 

Introducción

​En un mundo fragmentado por divisiones sociales, raciales, políticas y familiares, la paz parece una utopía. Sin embargo, el apóstol Pablo nos recuerda que la paz verdadera no es la ausencia de conflictos ni un simple acuerdo humano; la paz es una Persona. Jesucristo no solo trae paz, Él es nuestra paz.

 

1. Cristo derribó la pared que nos separaba (v. 14-15a)

​“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno,

derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades,

la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas...”

 

Jesús vino a destruir las barreras verticales (con Dios) y horizontales (con el prójimo) que el pecado había construido.

A. La destrucción de la enemistad: En el templo de Jerusalén existía una pared literal que separaba a los judíos de los gentiles (los no judíos). Cristo, con su sacrificio, rompió todo prejuicio y separación cultural o social.

Referencia: Gálatas 3:28 (Ya no hay judío ni griego, todos somos uno en Cristo).

 

B. La abolición de la ley de los mandamientos: Jesús cumplió las demandas de la ley ceremonial que separaba al pueblo de Dios de las naciones, unificando el acceso a la gracia.

Referencia: Colosenses 2:14 (Él anuló el acta de los decretos que nos era contraria, clavándola en la cruz).

 

C. Una paz basada en su sacrificio corporal: La reconciliación no se logró con palabras diplomáticas, sino mediante la entrega física de Jesús en la cruz.

Referencia: 1 Pedro 2:24 (Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero).

 

Aplicación Personal: Evalúa tu corazón hoy. ¿Estás levantando paredes de orgullo, prejuicio o falta de perdón hacia otros por diferencias de carácter, trasfondo o ideología? Si Cristo derribó la pared más grande, no tenemos derecho a reconstruir muros divisorios en nuestras familias o en la iglesia.

 

2. Cristo creó una nueva humanidad y nos reconcilió con Dios (v. 15b-16)

“... para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.”

 

​El propósito de Jesús no fue hacer que los gentiles se volvieran judíos, sino crear algo completamente nuevo: la Iglesia.

 

A. El nuevo hombre: En la cruz, Jesús tomó lo que estaba dividido y creó una nueva identidad espiritual compartida. Ahora nuestra identidad primaria es "hijos de Dios".

Referencia: 2 Corintios 5:17 (Si alguno está en Cristo, nueva criatura es).

 

B. Reconciliación mediante la cruz: La cruz resolvió el problema del pecado que nos hacía enemigos de Dios, matando la enemistad y trayendo paz legal con los cielos.

Referencia: Romanos 5:1 (Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo).

 

C. Un solo cuerpo: Ya no somos individuos aislados buscando a Dios por nuestra cuenta; somos un organismo vivo interconectado que refleja su gloria.

Referencia: 1 Corintios 12:13 (Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un solo cuerpo).

 

Aplicación Personal: Al ser parte de esta "nueva humanidad", nuestra forma de resolver conflictos debe ser distinta a la del mundo. ¿Buscas la reconciliación activa en tus relaciones rotas o permites que el resentimiento defina tu día a día? Vivir como el "nuevo hombre" significa modelar la reconciliación que ya recibimos.

 

3. Cristo nos da acceso libre al Padre (v. 17-18)

​“... Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.”

La paz que Jesús compró se traduce en una relación íntima, viva y directa con Dios para todos, sin importar nuestro pasado.

 

A. El mensaje de paz para todos: El evangelio es un anuncio de paz tanto para los que estaban "lejos" (los gentiles, sin conocimiento previo de Dios) como para los que estaban "cerca" (los judíos). Nadie está demasiado lejos para ser alcanzado.

Referencia: Isaías 57:19 (Paz, paz al que está lejos y al que está cerca, dijo Jehová).

 

B. Acceso directo y sin intermediarios: El velo del templo se rasgó. Gracias a Jesús, ya no necesitamos un sistema humano o sacrificios repetitivos para acercarnos al trono de Dios.

Referencia: Hebreos 4:16 (Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia).

 

C. La obra del Espíritu Santo: El Espíritu Santo es quien sella esta paz, guiándonos en nuestra oración y dándonos la certeza de que somos verdaderamente escuchados.

Referencia: Romanos 8:15 (Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!).

 

Aplicación Personal: Muchos creyentes viven con una constante sensación de culpa o temor, como si Dios los rechazara. Este pasaje te asegura que tienes pase libre al Padre. ¿Cómo está tu vida de comunión y oración? No dejes pasar un día más sin aprovechar el acceso tan caro que Jesús pagó por ti.

 

Conclusión General

​1. El sacrificio de Jesús en la cruz es el evento más inclusivo y transformador de la historia. Él no vino simplemente a darnos un respiro emocional o una calma pasajera; Él vino a ser nuestra paz legal, relacional y eterna.

​2. Hoy, esa paz se manifiesta cuando dejamos de pelear contra Dios, cuando derribamos los muros de división con nuestro prójimo y cuando entramos con confianza a la presencia de nuestro Padre celestial.

3. Fuimos reconciliados en un solo cuerpo; vivamos, entonces, reflejando la unidad y la paz que Cristo compró con su propia sangre.


La Voz Pastoral

José Ramón Mendoza

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